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Es Cierto

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Es cierto,
Quizá, ya no he escrito de ella,
Tal vez no le he escrito al amor.

¿Pero por qué ahora?

No sé,
Ni me interesa,
Lo que sé es que volví a escribir.

Aunque sea por una noche,
Aunque sea por un chispazo,
Aunque sea por un instante.

Me acordé del cielo estrellado,
De los atardeceres azules,
Las canciones de antes.

Es cierto…
Ya no había escrito…
Pero que bonito es recordar el cielo,
Aunque sea por un ratito.

Se nos va la vida en un momento
Y se nos olvida lo más importante…

Que bonito es vivir,
El ayer se me olvidó,
Mañana no se,
Hoy no se me olvida.

Amor Cobarde

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¿Qué es un amor cobarde?
No es nada,
Más que un pensamiento.

Una ciénaga
Cubierta de un paraíso imaginario.

Una obra,
No terminada.

Un amor cobarde,
No es un amor
Porque nunca lo fue.

Fue solo un pensamiento.

Si fueras palpable,
Te llevaría a mi patria.
A la tierra del quetzal.

En la tierra donde las flores,
Florecen todos los días.
Donde el azul de los lagos,
Penetra hasta el alma.
En donde hay tantos colores.

Un amor cobarde,
Es solo un deseo,
Nada más.

Solo son las ganas de besarte,
De estar con vos,
De hacerte reír,
Pero no llamarte mía.

En resumen,
Un amor cobarde,
No es ni mierda.

La Isla

La Isla

¿Cómo no puedo esperar con ansias el regreso de tus labios?
¿Cómo podría no embriagarme en tu perfume?
¿Cómo?! ¡Decime! ¿Cómo?

¿Cómo no pensar en las noches?
Cortas por tu presencia.
¿Cómo no querría yo morder esos labios?
¿Cómo si fuesen míos?

¿Cómo no podría desear yo
Perderme tanto entre tu piel,
Entre tus brazos y tus piernas?

¿Qué no daría yo por conocer el misterio de tus ojos?
Para morderlo en tus labios.
¿Qué no daría yo por entregarme a tu cuerpo?
Hasta que el cielo escampe
Y solo pueda ver tu rostro.

Es una lástima,
No poder tenerte en mis brazos todavía.
Para reconocer cada rincón
De la isla de tu cuerpo.

Ausencia 


El no tenerte me llevó a imaginarte.

Perdido y sin rumbo fijo,

Cree el camino para buscarte…

Hasta encontrarte.
El no tenerte me ha llevado a buscarte,

Ya sea en la ciudad,

La flora y la fauna,

En los cafés de mis tertulias

Y hasta en las lluvias de verano.
Espera mi alma encontrarte,

Aunque sea por veinte segundos.
A veces es necesario perder,

Para poder encontrar.

Eso me lo enseñó

La ausencia.

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Era noviembre, el clima ya había cambiado. El aire soplaba suavemente mientras se instalaba el frío de invierno. Había visto a esta chica desde hace meses en el trabajo, no había tenido la oportunidad de hablarle ya que estaba siempre ocupado haciendo algo. Hasta que me promovieron y agarré un poco de valor.

Le seguía los pasos y la observaba con tál vehemncia que ellá lo notaría. Después de hablarle por unas semanas, la invité a salir por un café. Una tarde al terminar la jornada laboral nos dirigimos a un Starbucks por Market Street en los Woodlands. Era una noche clara, las luces iluminaban la mesa en donde nos sentamos. Su pelo y sus labios rojos parecían estar en armonía con la taza de café roja. Tenía un vestido negro que hacía resaltar su figura. Ella y la noche parecían dar un aire de total parsimonia, lo cual relajaba mis nervios. La flaca de piel morena y labios rojos de San Luis Potosí me traía loco. Me recordabá a The Corn Poppy por Kees Van Dongen aunque siempre detesto esa pintura.

Hablamos por un tiempo de todo y de nada, riéndonos del trabajo, la escuela y otras trivialidades. Esa noche era bella, le pedí que se parara para tomarle unas fotos. Me miró fijamente con sus grandes ojos cafés, me sonrío y con gusto se tomó una foto.

Su pelo largo, piel morena, ojos grandes y labios rojos cautivaron algo en mí. Posó entonces como toda una musa y a mi mente se me venía la frase de Pablo Neruda que dice “Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida.”

Después de platicar por un rato, decidí llevarla a su casa. Ella me dijo que tenía frío y le agarré la mano para comprobar lo que me decía. No solté su mano en todo el trayecto de Market Street a su casa.

Cuando llegamos a su casa. Ella me dijo que se la había pasado muy bien. La miré con esos ojos cafés que me miraban con tanto cariño. Nos reímos una vez más y traté de besarla, pero ella me dijo que quería tomarse las cosas con calma.

Siendo yo un caballero respeté su decisión, pero le dije que me besará la mejilla. Me dio una sonrisa y me marcó el labial en el rostro.

Sabía entonces que ese sería el comienzo de algo completamente nuevo.

Libérate

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Libérate, de los paradigmas instituidos,
Libérate, de aquel dolor que te abate,
De los afanes del pasado.

Libérate de aquellos temores,
Del miedo a la soledad,
De los dogmas.

Libérate, para abrir los ojos
Para vivir la vida.

Los rencores, el odio
El desamor, el dolor,
La nostalgia, el olvido, la depresión…

Todos estos procesos del amor,
Que duelen,
Pero a la vez nos hacen libres.

Toda la vida es un proceso,
Todo en esta vida se siente,
Por obra del amor.

La belleza de las palabras,
El arte, las calles, las luces,
Las palpitaciones y las bocanadas de aire.

Todo forma parte del gran proceso.

Hasta en los momentos más oscuros,
En los más desolados,
Podemos encontrar la luz al final del túnel.

“Si nada nos salva de la vida,
Al menos que el amor nos salve de la vida”,
Decía Neruda.

Qué sabio el hombre,
Al expresar la salvación del amor.

Algo que no puedo entender,
En su totalidad,
A pesar de mis conjeturas.

Algo tan doloroso,
Pero tan bello,
Algo que me acerca a Dios.

Libérate, amando
Pero sobre todas las cosas,
Amándote.

A pesar de tus errores,
Tus fallas,
Tus complejos.

Libérate,
De todo eso que causa oprobio,
Para vivir amando.

La Despedida

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Inverosímil fue la partida,
Fue algo así como un abrir y cerrar de ojos,
Fue algo así, tan veloz.

Nuestra despedida fue algo breve,
Fue algo en donde me quedo marcada tu presencia,
Tan ostensible, como en todas las mañanas.

Te despediste así,
Con la sonrisa que siempre me viste.

Y aunque por más fuertes que fueran mis anhelos de verte,
Fuera de esa aula,
Jamás se me dio el gusto.

Y aunque nuestro despido,
Fue un simple intercambio de miradas,
Con tu sonrisa me basta.

Para saber que te extraño